Me quedé mirando el sol.
En manga corta, llegó una corriente de aire.
Todo el pelo voló hacia atrás, quitándome los típicos mechones que impiden ver mi cara y que tanto me caracterizan. Llevándose unas lágrimas sin sentido. Agitando ese vestido que llevé hoy. Se me pusieron los pelos de punta.
Entonces, me pregunté en voz alta: ¿Y ahora, qué hago?
Y caí, como cuerpo sin vida, a la acera que piso todos los días al igual que muchas personas. Y fue así como vino un vecino a preguntarme si estaba bien.
Respondí que sí. Un sí que sonó igual que sonó el viento al tambalearme.
Sonó a susurro, a mentira. A reflejarte en un coche y dar un puñetazo contra él.
Pero por favor, no se lo digáis a nadie. Que yo soy feliz. O eso dicen.
jueves, 4 de marzo de 2010
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1 comentarios:
no hace falta que te diga nada no?
a parte de que ti amo mucho
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